Bambi y Tambor, pues al fin los localizaron... en la vida real.

Una pareja de amigos formada por un corzo (llamado Finchen) y un conejo, se parecen tanto a los personajes Bambi y Tambor de la película de dibujos animados de Disney, que incluso la madre del corzo también murió dejándole solo en la vida... pero pronto encontraría un gran amigo. El pequeño corcino fue criado por los habitantes de un pueblo rural alemán, hasta que cierto día, apareció un conejo salvaje pastando a cierta distancia del corzo: poco a poco se aproximaban más, hasta que 'se hicieron amigos'.

Seguramente muchos de vosotros os acordaréis de “Tambor” el conejito amigo de “Bambi”, pues bien, Paloma nos envía unas bonitas fotos en las que la fábula de Disney parece convertirse en realidad.

Las fotos, tomadas por la fotógrafa alemana Tanja Askani, muestran la enternecedora amistad de un cérvido con un lagomorfo, pero en esta ocasión el cérvido no es un venado, si no un corzo quien entabla amistad con el conejo.

Buscando por la red he podido saber mas de esta bonita historia, gracias al magnífico blog “El mundo de Olgui”.

Esta historia se parece tanto a los personajes Bambi y Tambor de la película de dibujos animados de Disney, que incluso la madre del corzo también murió dejándole solo en la vida... pero pronto encontraría un gran amigo.

El pequeño corcino llamado Finchen fue criado por los habitantes de Ansitz, un pueblo rural de Alemania, hasta que cierto día, apareció un conejo salvaje pastando a cierta distancia del corzo. Poco a poco se aproximaban más, hasta que “se hicieron amigos”.

Comían y jugaban juntos haciéndose compañía mutuamente todo el día hasta tal punto que, cierto día, sorprendentemente el conejo empezó a recoger hierba seca para construir su nido debajo de una picea! (el rincón favorito del corzo) en lugar de hacerlo en una madriguera como normalmente hacen los conejos!.

La fotógrafa menciona que los dos podrían haber formado esta amistad para protegerse mejor contra depredadores, advirtiéndose de cualquier peligro, también cuenta que el corzo gracias a sus largas patas ayudó al conejo, facilitándole el acceso a la comida durante el invierno.

Cuando el corcino creció lo suficiente, fue enviado a un parque desde donde sería devuelto a la vida salvaje.

Esta última foto muestra al corzo anestesiado para facilitar su transporte. A pesar de los extraños humanos alrededor, el pequeño conejo se acercó a la cabeza soñolienta de su amigo el corzo, “como diciendo adiós”...

Bueno

Escrito por Olgui