Historia del rinoceronte en Europa, casi un monstruo para algunos

Casi todo lo que desde la antigüedad hasta el renacimiento se supo del rinoceronte se basó en la breve descripción que sobre tan exótico animal hiciera Plinio el Viejo en su Historia natural. Decía así:

En los juegos de Pompeyo Magno se vio al rinoceronte con un solo cuerno en la nariz, como se ha visto frecuentemente. Éste es el otro enemigo natural del elefante y se prepara para la pelea afilando su cuerno contra las rocas y ataca especialmente al vientre, pues sabe que es más vulnerable. Su longitud es similar (a la del elefante), sus patas mucho más cortas y tiene el color del boj.” (Plinio, Libro VIII-20)

Rinoceronte en el mosaico romano de la Villa del Casale, en Sicilia.(Clic para ampliar)
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En el siglo XIII Marco Polo anduvo por la India pero no habló en su libro del rinoceronte, sino del alegórico y romántico unicornio. Lo destacable es que su descripción es la más desmitificadora que jamás se hiciera del simbólico animal. “Los unicornios no son blancos y esbeltos sino que tienen el pelo de búfalo y las patas como ellos; el cuerno es negro y desagradable, la lengua espinosa, la cabeza parecida a un jabalí. No solo este animal es muy feo a la vista, sino que además no es verdad que se dejen atrapar por una doncella virgen". Parece claro que el unicornio del que habla el intrépido aventurero tuvo que ser un robusto rinoceronte, pero romper mitos no es tarea fácil y nadie le creyó, de hecho una de las ilustraciones de su libro muestra al unicornio tal como el mito lo había imaginado siempre.

Desde los tiempos de Pompeyo en la antigua Roma, no se habían vuelto a ver rinocerontes en Europa hasta que en el siglo XVI dos ejemplares llegaron a la península ibérica desde la India. El primero de ellos llegó a Portugal en 1513, como regalo para el rey Manuel I. En 1519 Durero lo conoció 'de oídas' y basándose en una descripción de dicho animal, al que no llegó a ver nunca, dibujó y grabó su famoso rinoceronte. Su grabado alcanzó gran difusión y fue ampliamente copiado y reproducido por los naturalistas del Renacimiento y Barroco.

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Alberto Durero completó su grabado con seis líneas de texto escrito en alemán que decía así:

"En el año de 1513 después del nacimiento de Cristo, el 1 de mayo, fue traído desde la India a Lisboa para el poderoso rey Emanuel de Portugal un animal que llaman rhinocerus. Aquí está reproducido en su forma completa. Su color es como el de una tortuga moteada, y está muy protegidamente cubierto de gruesas escamas, y en tamaño es similar al elefante, pero más corto de piernas y mucho mejor preparado para la lucha. Tiene un cuerno agudo y fuerte encima de la nariz, que gusta de afilar allí donde hay rocas. Es un animal victorioso, enemigo mortal de los elefantes. El elefante le teme terriblemente porque cuando se le acerca, el animal lo enfrenta con la cabeza entre las patas anteriores, y desgarra desde abajo el vientre del elefante, y lo mata, pues no puede defenderse. El animal está tan bien acorazado que el elefante nada puede contra él. También se dice que el rhinocerus es un animal veloz, confiado e incluso alegre."
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Copia del rinoceronte de Durero realizada por David Kandel en 1550 para adjuntarla a la Cosmographía de Sebastian Munster.
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Copia coloreada del rinoceronte de Durero realizada por Ulisse Aldrovandi. Está claro que en el siglo XVI no sólo fascinaba el aspecto acorazado de un animal a quien ninguno de sus dibujantes había jamás visto, sino también su hipotética riqueza de colorido, cualidad que, por lo demás, era frecuente entre los animales y plantas de las tierras recién conocidas y exploradas.
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Fragmento del mapamundi de Petro Plancio, 1594

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El segundo ejemplar que llegó en el siglo XVI a Europa fue una hembra enviada a Madrid como regalo para Felipe II. Llegó acompañada de un elefante y cuenta la leyenda que el rey, a fin de que los madrileños pudieran disfrutar de la contemplación de ambos animales, hizo construir un gran corralón en la que hoy es la calle de Abada, palabra de origen portugués con la que se nombra al rinoceronte hembra.

La abada de Felipe II dibujada por Ulisse Aldrovandi, científico y naturalista italiano que vivió entre 1522 y 1605. Como vemos este ejemplar es menos impresionante y colorido que el de Durero y sus imitaciones, quizás porque la criatura era una hembra y en general en el reino animal los machos son más hermosos (o los artistas parecen creerlo así). 
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Sobre la abada, extraigo del Bestiario de Ferrer Lerín la siguiente descripción: “Animal ferocíssimo, lo mismo que Rhinocerote. (…) En el reynado de Felipe II, año de 1581, vino una Abada á Madrid con un elefante que envió de regalo el Gobernador de Java. (…) Esta abada que truxeron a Madrid tenía aserrado el cuerno y estaba ciega, porque no hiciese daño, y curavan della con mucho recato por el peligro de los que la tenían a su cargo; de los cuales mató uno o dos. En los juegos que Gneo Pompeyo ordenó en Roma, pelea contra un elefante y le acomete en la barriga hiriéndole malamente hasta desangrarle del todo. Pero si el elefante rebate el golpe asiéndole con la trompa, le hace pedazos con los dientes. Los thalmudistas aseguran que en el arca había algunos gigantes que, como estuviesen estrechos en lugar tan reducido, mandaron al rinoceronte que saliera, el cual siguió el arca nadando.”

Sin duda era buen nadador el Rinoceronte. De ello tuvo gran fama, se decía que era capaz de cruzar a nado los grandes ríos asiáticos y remontarlos luchando contra la corriente. Pero esta cualidad no pudo salvar a un ejemplar, quizás el mismo que pintara Durero, de morir ahogado cuando, cerca ya de la costa, naufragó en medio de una tormenta el navío que lo trasladaba a Roma. Esto sucedió en el año 1516, el barco portugués La Nossa Senhora da Ajuda había viajado 14.000 millas desde la India con la misión de entregar un rinoceronte al Papa León X. Algunos aseguraron que de no haber estado el animal encadenado para proteger a la tripulación de sus embistes, hubiera conseguido llegar nadando a tierra a pesar de la tempestad.

Con el tiempo aquellas criaturas exóticas y acorazadas fueron cada vez mejor conocidas y retratadas con más realismo, aunque no dejaron de causar gran impresión y asombro. Está claro que quien pudiera hacerse con un rinoceronte era dueño de un tesoro. Así lo demuestra la historia de Clara, una de las más afamadas y reconocidas rinocerontes que recorrieron Europa. En el año 1741 llegó a Rotterdam procedente de la India y perfectamente domesticada. Desde allí y en los años siguientes visitó Alemania, Prusia, Austria, Suiza, Francia, Polonia, Dinamarca, Inglaterra, Italia y algún país más, siendo a su vez visitada por reyes y nobles de toda mundial procedencia. Clara murió en Londres en 1758, cuando contaba ya veinte años de edad.

Clara en Venecia
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Retrato de Clara realizado durante uno de sus viajes a París en 1749, por Jean-Baptiste Oudry. 

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